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Los países más visitados del mundo están en Europa. En mi caso, el continente nunca fue una prioridad entre mis destinos. Cuando empecé a viajar soñaba con lugares lejanos y exóticos (por eso, quizá, me fui a Asia antes que a los lugares más “tradicionales”) y Europa me parecía muy turística y un poco aburrida. Tenía los típicos prejuicios: “Es caro”, “es demasiado ordenado”, “va a seguir igual por varias décadas”, “es para conocer de grande” (?), “es para ir a ver museos y ruinas”, “es un destino fácil”. Error. ERROR (me pegaría). Ahora que la conozco siento que vine en el momento justo de mi vida: en Europa pasa de todo y me encanta estar disfrutándola a esta edad (casi 30).

Mis raíces, al igual que las de muchos argentinos, están en Europa: mi mamá es húngara (nacida en Alemania) y mi papá es hijo de españoles asturianos. Y en algún momento las raíces empezaron a tirar.

Así que en el 2011 me fui a España.

Y conocí Europa por primera vez.

Y me encantó.

Sin haberlo planeado, ya pasé más de un año (aunque no todo seguido) viajando por y viviendo en Europa. Pasé inviernos, veranos, primaveras, otoños. Conocí varias de las grandes capitales y muchas me quedaron pendientes. Me perdí en pueblitos y me di cuenta de que Europa parece chiquita pero es enorme y hay demasiado para ver. Así que una de dos: quédense todo el tiempo que puedan o vengan con el modo slow travel activado. No vale la pena ir a las apuradas de una ciudad a otra. Lo lindo en Europa es el camino.